RESEÑA 19-06
| Reseña de clase 19 de Junio, a cargo de Daniel Millas. |
Por Gimena Díaz
¿Qué implica que la práctica del psicoanálisis esté orientada por lo real? Implica, entre otras cosas, que no hay armonía, no hay relación entre el saber y el goce (la pulsión).
El psicoanálisis es una práctica que no se inscribe, que no responde a la aspiración de la ciencia que busca un saber susceptible de generalizarse. La interpretación no se sostiene en un saber científico y ‘predecible’. Sino que esta del lado de la contingencia, de lo azaroso, de la sorpresa, que queda del lado del analizante (y a veces queda del lado del analista, por los efectos inesperados)
Decir una clínica orientada por lo real supone en principio, un cierto vértigo, ya que manejamos algo que tiene un amplio margen de contingencia.
Entonces, cómo pensar sostener una clínica tan ligada a la contingencia sin que sea una práctica absolutamente inefable? El psicoanálisis no es una ciencia experimental, pero al mismo tiempo tiene una exigencia que toma prestada de la ciencia, y es que algo le sea transmitido, una cierta exigencia de dar prueba, de exponer, de intentar establecer una lógica; sabiendo que esa lógica es una lógica elástica, que no subsume el todo de la experiencia.
Por un lado decimos: No hay una relación, en sentido de armonía, de complementariedad, entre el saber y el goce. Hay un real en la clínica, significa que hay algo que escapa a lo simbólico. Entonces surge la pregunta: ¿el psicoanálisis es una verdadera estafa o hay incidencia entre lo simbólico y lo real? No hay una relación de complementariedad, de armonía, no todo el goce pasa a lo simbólico. Aún así, hay incidencias, quiere decir que hay tratamientos por lo simbólico de lo real, que logran inscribir, que logran cambiar algo. Hay una incidencia entre lo simbólico y lo real. Algo permanece inasimilable, pero al mismo tiempo es posible cernirlo, tratarlo, trasformarlo, por la vía de lo simbólico. Sino sería una práctica de pura palabrería.
Dar cuenta, demostrar todo lo que en nuestra práctica hay de azaroso: no es tan sencillo. Podemos entender que hay un real, un hueso, hay un sinsentido, un no saber, y que por la vía de lo simbólico lo capturamos; y en ese punto mismo lo transformamos en simbólico. Así empezó Freud: descifrar un sentido oculto, reprimido…
La 1ª sorpresa que se lleva Freud es la transferencia. La transferencia se le presenta como sorpresa que obstaculiza la práctica que había formalizado, donde en lugar de querer hacer este trabajo de investigación, se imponen los afectos al trabajo (mociones pulsionales).
Hay algo en la experiencia que excede el desciframiento, entran los afectos en la experiencia misma, y es necesario que este libidinizada, para que este trabajo se lleve adelante.
Hay una dimensión del amor ligada al trabajo, y también hay una modalidad del amor que se opone a él. La dimensión del amor ligada al trabajo es el motor, el componente libidinal de la experiencia. Pero hay otra que tiene que ver también con afectos negativos (con el odio): la transferencia negativa, el analista volviéndose un objeto insoportable, que produce rechazo. Otra sorpresa para Freud fue: la reacción terapéutica negativa.
Encontramos cuando abordamos la práctica del psicoanálisis como una práctica orientada por lo real, dos referencias:
La clínica de la psicosis; que es la irrupción de un goce que escapa absolutamente a lo simbólico, que escapa a la posibilidad de captura, de domesticación, de lo simbólico. Y el esfuerzo, el trabajo de la psicosis para intentar inventar algo que sirva para domesticarlo. El sujeto paranoico hace un trabajo significante, que se llama delirio, para intentar capturar, domesticar el real que irrumpió.
Por otro lado, lo femenino se ubica para Freud, y adquiere una relevancia particular para Lacan, en su modo de conceptualizarlo, como algo que excede a la posibilidad de vía de captura de lo simbólico. Hay una dimensión del goce femenino que excede el ordenamiento fálico. Según dice Lacan, las mujeres son locas en tanto hay algo en la perspectiva de lo femenino que excede el ordenamiento fálico. Encontramos un cierto arrasamiento del orden significante. Lacan dice que un hombre puede ser para una mujer, un estrago (algo que arrasa sus pertenencias significantes, sus identificaciones). No por el hombre en tanto tal, sino por lo que desencadena, lo que puede despertar.
La clínica de lo real, la clínica de la posición femenina y la clínica contemporánea (en todas sus formas de excesos), son modalidades de desfallecimiento de lo simbólico, para ordenar el goce.




